Sin lugar a dudas, Venecia hoy es una de las ciudades más vivibles del mundo, gracias a su inconfundible estilo de vida “slow” por excelencia: cada veneciano se mueve casi siempre a pie y, cuando es necesario, coge el vaporetto. Porque Venecia es un mundo aparte, donde todo queda cerca y las distancias se acortan, una ciudad a medida del hombre.
“Venecia es como una gran casa donde paseando por los corredores uno se siente cómodo, donde dando vueltas por las calles se entrecruzan siempre personas conocidas; aquí uno se siente protegido”, sostiene Arrigo Cipriani, personaje emblemático de la ciudad lacustre.
¿Y cómo negar que no tenga razón? Il bacaro, la taberna donde se va a beber un ombra – es decir, un vaso – de vino y comer cicheti, bocadillos de pescado a base de fiambres o verduras, es para los venecianos como el propio living de casa, un lugar de encuentro con los amigos.
En Venecia todavía se pueden realizar la compras en tiendas, como tiempo atrás: a poca distancia de los jardines de la Bienal, por ejemplo, se encuentran aún los lecheros, mientras en el sestiere de Dorsoduro la fruta y la verdura fresca se compran directamente en un barco flotante, que se ha convertido en una verdadera institución ciudadana.
El sábado los venecianos van al mercado de Rialto a comprar el pescado, que se transformará en recetas de la cocina tradicional como las sarde in saor, los langostinos alla busara o las sepias con la tinta.
Aquí se venden también flores, fruta y verdura, sin perder jamás la ocasión de beber el spritz: en Venecia siempre es la hora apropiada para beber este aperitivo, preparado según la fórmula habitual a base de Aperol o Campari, vino blanco y una aceituna.
El paseo dominical, es rigurosamente en barco o en lancha, para ir a las islas de la laguna: uno se relaja pedaleando en bicicleta por el Lido o haciendo un picnic en la isla de Certosa o en Mazzorbo. Sin olvidarse de la isla de Sant’Erasmo, conocida como el huerto de Venecia, de la cual proceden delicias como las alcachofas nuevas, que son el ingrediente fundamental del cóctel veneciano Bellini.